Borriello y Ambrosini confirman la crisis del Genoa
El Calcio ha vuelto de una manera atolondrada y estrepitosa, con una jornada completa a disputarse en su totalidad este miércoles de Reyes. Si de monarcas hablamos, no podemos dejar de lado a un poderoso e histórico equipo llamado Milan, responsable de hacer estallar definitivamente una relevante crisis en un conjunto del norte de Italia. No es otro que el Genoa, uno de los equipos más importantes de la región, que semana a semana observa como una ilusionante temporada a comienzos de agosto se va desmoronando de a poco, a fuego lento, como para hacer más dramático este negro presente.
Eliminado de la Europa League en primera fase, 13º en liga a cuatro puntos del sexto, sin conocer la victoria desde noviembre con cinco encuentros sin victorias. Esta es la situación del Genoa a día de hoy, seis de enero, con todavía media temporada por jugarse. Por primera vez desde su arribo en 2006, Gian Piero Gasperini podría tener los días contados al frente de un equipo con severos problemas en cuanto a resultados y juego, sobre todo en defensa. La dificultosa tarea de poder repetir un once cada fin de semana debido a la inmodificable táctica del entrenador italiano (el famoso 3-4-3), es un claro signo de la difícil situación que atraviesa el club genovés, dueño de un pasado glorioso a comienzos de Siglo XX.
El final de la 2008-2009 no pudo ser mejor. Un equipo descarado, atrevido y con un fútbol tan vistoso como ofensivo acabó nuevamente clasificando a competiciones europeas y posicionando al club a la altura de su rica historia. A un paso de lograr la hazaña de meterse en Champions y con Diego Milito como principal valuarte, el futuro del Genoa parecía ser por lo menos prometedor. La partida del ídolo moderno a Milán, sumado a la baja de un futbolista fundamental como el brasileño Motta sembraron algunas dudas en el norte italiano, donde la entrada y salida de jugadores se convirtió en moneda corriente, y el frenesí se apoderó del mercado. Se fueron casi 30 jugadores (entre ellos Vanden Borre, Forestieri –a préstamo- Bonucci) y llegaron más de 20 (Figueroa, Crespo, Palacio, Zapater, entre otros). Definitivamente, un cambio demasiado abrupto para solo un periodo de fichajes.
Como ya mencionamos, Gasperini –en algunos casos por elección, otros por rotación o lesiones- raramente ha alineado a los mismos 11 futbolistas en un par de partidos consecutivos. El basto y amplio plantel acabó resultando más un problema que una solución, ya que al haber tantas alternativas pocos han sido los futbolistas que han tenido rodaje para alcanzar un nivel óptimo. Un ejemplo claro es el de Sergio Floccari, ex goleador del Atalanta, que tuvo que marcharse cedido a préstamo a la Lazio –donde ya se estrenó como goleador, y en su debut- ante la gran competencia por un puesto entre los tres disponibles en la ofensiva. Estaba claro algún soldado caería entre Crespo, Palacio, Sculli, Palladino, Jankovic, Figueroa, ahora Suazo y el mencionado Flocarri.
El exceso de nombres y hombres no solo sucede en el ataque, ya que en defensa Criscito, Fatic, Papastathopoulos, Moretti, Biava, Bocchetti o Tomovic batallan por tres lugares, justo en la zona donde más problemas ha sufrido el equipo. Con los cinco tantos recibidos esta noche en San Siro, quedó a un gol del conjunto más goleado del torneo –el Siena- que se encuentra siete posiciones y 12 puntos por debajo. Ninguno de los variados nombres ha ofrecido garantías hasta ahora a la hora de custodiar a un muy buen portero como Amelia, por momentos milagroso aunque rendido ante la adversidad.
Con cuatro puestos disponibles para Kharja, Rossi, Mesto, Zapater, Modesto, Juric o Milanetto –y con una clara falta de talento en la zona media- se repite el mismo inconveniente. La abundancia de nombres y la falta de regularidad es el denominador común de la temporada para un Genoa que aún puede y debe mejorar, pero que hasta ahora ha decepcionado a propios y extraños.











