miércoles 6 de enero de 2010

Borriello y Ambrosini confirman la crisis del Genoa

El Calcio ha vuelto de una manera atolondrada y estrepitosa, con una jornada completa a disputarse en su totalidad este miércoles de Reyes. Si de monarcas hablamos, no podemos dejar de lado a un poderoso e histórico equipo llamado Milan, responsable de hacer estallar definitivamente una relevante crisis en un conjunto del norte de Italia. No es otro que el Genoa, uno de los equipos más importantes de la región, que semana a semana observa como una ilusionante temporada a comienzos de agosto se va desmoronando de a poco, a fuego lento, como para hacer más dramático este negro presente.

Eliminado de la Europa League en primera fase, 13º en liga a cuatro puntos del sexto, sin conocer la victoria desde noviembre con cinco encuentros sin victorias. Esta es la situación del Genoa a día de hoy, seis de enero, con todavía media temporada por jugarse. Por primera vez desde su arribo en 2006, Gian Piero Gasperini podría tener los días contados al frente de un equipo con severos problemas en cuanto a resultados y juego, sobre todo en defensa. La dificultosa tarea de poder repetir un once cada fin de semana debido a la inmodificable táctica del entrenador italiano (el famoso 3-4-3), es un claro signo de la difícil situación que atraviesa el club genovés, dueño de un pasado glorioso a comienzos de Siglo XX.

El final de la 2008-2009 no pudo ser mejor. Un equipo descarado, atrevido y con un fútbol tan vistoso como ofensivo acabó nuevamente clasificando a competiciones europeas y posicionando al club a la altura de su rica historia. A un paso de lograr la hazaña de meterse en Champions y con Diego Milito como principal valuarte, el futuro del Genoa parecía ser por lo menos prometedor. La partida del ídolo moderno a Milán, sumado a la baja de un futbolista fundamental como el brasileño Motta sembraron algunas dudas en el norte italiano, donde la entrada y salida de jugadores se convirtió en moneda corriente, y el frenesí se apoderó del mercado. Se fueron casi 30 jugadores (entre ellos Vanden Borre, Forestieri –a préstamo- Bonucci) y llegaron más de 20 (Figueroa, Crespo, Palacio, Zapater, entre otros). Definitivamente, un cambio demasiado abrupto para solo un periodo de fichajes.

Como ya mencionamos, Gasperini –en algunos casos por elección, otros por rotación o lesiones- raramente ha alineado a los mismos 11 futbolistas en un par de partidos consecutivos. El basto y amplio plantel acabó resultando más un problema que una solución, ya que al haber tantas alternativas pocos han sido los futbolistas que han tenido rodaje para alcanzar un nivel óptimo. Un ejemplo claro es el de Sergio Floccari, ex goleador del Atalanta, que tuvo que marcharse cedido a préstamo a la Lazio –donde ya se estrenó como goleador, y en su debut- ante la gran competencia por un puesto entre los tres disponibles en la ofensiva. Estaba claro algún soldado caería entre Crespo, Palacio, Sculli, Palladino, Jankovic, Figueroa, ahora Suazo y el mencionado Flocarri.

El exceso de nombres y hombres no solo sucede en el ataque, ya que en defensa Criscito, Fatic, Papastathopoulos, Moretti, Biava, Bocchetti o Tomovic batallan por tres lugares, justo en la zona donde más problemas ha sufrido el equipo. Con los cinco tantos recibidos esta noche en San Siro, quedó a un gol del conjunto más goleado del torneo –el Siena- que se encuentra siete posiciones y 12 puntos por debajo. Ninguno de los variados nombres ha ofrecido garantías hasta ahora a la hora de custodiar a un muy buen portero como Amelia, por momentos milagroso aunque rendido ante la adversidad.

Con cuatro puestos disponibles para Kharja, Rossi, Mesto, Zapater, Modesto, Juric o Milanetto –y con una clara falta de talento en la zona media- se repite el mismo inconveniente. La abundancia de nombres y la falta de regularidad es el denominador común de la temporada para un Genoa que aún puede y debe mejorar, pero que hasta ahora ha decepcionado a propios y extraños.

martes 29 de diciembre de 2009

Liverpool: ``La Agonía y el Éxtasis´´

La vida de Miguel Ángel fue fascinante. En realidad, todo lo que haya sucedido en una época tan prolífica para el arte y la cultura como el Renacimiento merece ser conocido. No es mi intención aburrirlos ni desviarlos de tema, pero lo visto esta noche me recuerda mucho a mis años como estudiante de primaria y a esas esquivas clases de Historia del Arte para cualquier adolescente en proceso, con otras preocupaciones lógicas en la mente. En una de esas tantas aventuras llevadas a cabo en el salón, la profesora nos obligó a ver una película antiquísima -para nuestro gusto- como ‘La Agonía y el Éxtasis’ -El tormento y el éxtasis en su versión española-, de 1965. En ella se narraba la madurez de Miguel Ángel Buonarroti y se mostraba la forma en que el artista llevó a cabo una de sus grandes obras: pintar la cúpula de la Capilla Sixtina, a pedido del Papa Sixto V.

Y se preguntarán, ¿que tiene que ver Miguel Ángel, la Capilla Sixtina y un film sesentoso con el Liverpool y principalmente con el encuentro de hoy ante Aston Villa? Dejando de lado el argumento, el verdadero valor del film está en la transición entre el comienzo del arduo trabajo a contrarreloj y su póstumo final, excelentemente interpretado por el consagrado actor estadounidense Charlton Heston. Lo del equipo de Benítez está noche ha tenido tintes parecidos, remarcados altibajos, excedidos esfuerzos y un final que permite por lo menos esbozar una leve sonrisa. Fernando Torres en la agonía –valga la redundancia- del encuentro selló el triunfo por la mínima con una definición cruzada, certera, complicada, a su medida y a la de su club. Parece estar escrito en los astros, todo lo que quiera conseguir el conjunto de la ciudad de los Beatles costará el doble, el triple…o más. Y allí es cuando aflora la grandeza de un autentico gigante europeo.

No es por exagerar, ni mucho menos, pero viendo al Liverpool a uno se le generan varias sensaciones. Asombro y decepción contrastando la calidad de sus futbolistas –Aquilani, Gerrard, Benayoun- y los resultados obtenidos hasta ahora. Bostezos y algo de zapping por lo tedioso que se hace a veces completar un partido suyo. Pero por sobre todas las cosas, lo más importante, ese sentimiento inquebrantable que solo un autentico hincha red podría describir. Como sucede con el Milan, el Real Madrid u otros grandes de este deporte, pero con el Liverpool como máximo exponente, surge esa corazonada interna de saber que cuanto más muerto se los considere más contundente será su respuesta.

El renacer eterno del Ave Fénix, el pájaro rojo en su escudo, el incansable canto de The Kop y su fidelidad sin límites, factores que pueden resumirse en acciones como la del delantero español, a escasos segundos de dejar pasar otra oportunidad clave para alcanzar ese esquivo barco llamado Premiership, que hace casi dos décadas que se niega a desembarcar en el puerto de Liverpool. Este año la competencia por ese ya acostumbrado cuarto puesto se ha vuelto muy dura. El City de Mancini con sus petrodólares a cuestas amenaza con obtenerla. Otros, como el Villa o el Tottenham, llegan desde atrás, irregulares pero siempre inquietantes.

Aunque el Chelsea y la cima se encuentren a 13 considerables puntos, el triunfo en Villa Park es definitivamente un plus y un paso hacia delante para confirmar una mejoría en la temporada red. Ya fuera de la Champions y lejos de la lucha por la Premier, ¿habrá algún motivo de éxtasis a final de la temporada tras tantos momentos de agonía incalculable? Figurar en el ‘Top 4’ es casi una obligación, veremos si un hipotético triunfo en la FA Cup o la Europa League podría ‘‘opacar’’ otra vertiginosa temporada del equipo ingles por excelencia, más por gloriosas épocas pasadas que por un presente grato y soleado.

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